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Maestra

¿Por​ ​qué​ ​me​ ​hice​ ​maestra?

No es la primera vez que publico la respuesta a esta pregunta, tanto así que, mi hija 
hasta​ ​hizo​ ​un​ ​video​ ​de​ ​ello.  
Poema​ ​autobiográfico 
Y volviendo al asunto, me hice maestra porque sencillamente seguí la ruta que se me 
abría a medida que iba caminando por la vida. Cuando niña, no jugaba a la mamá, 
jugaba a la maestra. No lo hacía porque en mi familia hubiese maestros, soy la primera 
y única. No lo hacía porque quería imitar a una en particular, es más, creo que, a los 
seis, siete años, me eran como indiferentes mis maestras. Solo lo hacía. Aunque 
confieso que tenía ideas raras como, si tengo un hijo y llora mucho, lo boto a patio 
trasero y si llora más, lo boto al patio de la casa de atrás. Por lo tanto, lo que hacía era 
de lo más natural para mí; no me gustan los niños, pero cómo disfruto jugando a la 
maestra. 
Les hacía lista de asistencia y marcaba cuando faltaban. Les hacía cuadernos y 
calificaba sus tareas, las que registraba en el formato respectivo. Les tenía asignados 
puestos en la clase y siempre estaban cerca de mi “escritorio” (caja de cartón) mis dos 
muñecos negros, porque intuía eso que luego llamarían en Ecuador, educación 
intercultural​ ​de​ ​calidad​ ​y​ ​calidez​ ​en​ ​el​ ​marco​ ​de​ ​la​ ​inclusión​ ​social​.  
Junto a  los muñecos negros, luego seguían los muñecos bebés, después los regulares 
o sin algo particularmente distintivo y en la última fila las Barbies y los robots de mi 
hermano​ ​menor. 
¿Esa​ ​organización​ ​sería​ ​producto​ ​de​ ​algún​ ​reducto​ ​de​ ​mi​ ​subconsciente?  
En todo caso, pasaba horas y horas dando clases de Ciencias Naturales, de Matemáticas 
y francamente, no recuerdo si también había clases de Estudios Sociales o Lengua, por 
cierto,​ ​lo​ ​que​ ​hoy​ ​más​ ​me​ ​apasiona​ ​dar​ ​en​ ​cátedra​ ​universitaria… 
Así comencé a ser maestra, con intuición por dar oportunidad de educación de forma 
equitativa, ya que siempre me repetía algo que decía mi madre: “La única diferencia 
entre la empleada doméstica y yo, es que las dos no tuvimos las mismas oportunidades 
de educación. Ahora yo soy la señora de la casa y ella la empleada. Y eso no es justo, ni 
correcto.​ ​​ ​Las​ ​dos​ ​somos​ ​mujeres​ ​PUNTO.”

Maestra por vocación, convicción y elección

La frase del título de este texto suelo repetirla constantemente a mis alumnos. Eso hago para que asuman que cuando ejerces un oficio o profesión debe ser por tres motivos: Porque para eso eres bueno de forma natural, ese es tu don, algunos le dicen, regalo divino.  Porque cuando pones en práctica esas habilidades naturales, lo disfrutas, ello fluye, es como la extensión de ti.  Porque decides capitalizar tu don, lo que te fluye y asumes que tienes que formarte para hacerlo mejor aún, tienes que estudiar, aprender de manera guiada.

Sin embargo, también digo a continuación: Esta decisión, en mi caso, de ser maestra, también es una decisión política.  

Lo afirmo porque tengo arraigada la idea de política de servicio y qué mejor que a través de la educación.  Si algo me quedó claro desde muy pequeña que no hay que ser clientelar, que eso no es ético, no honra al otro, que lo que sí lo puede lograr es la enseñanza.

Mi aula, las cuatro paredes, son mi república, mi estado, mi nicho para hacer política de educación inclusiva, liberadora, cooperativa y dialógica.  Es mi sitio para generar espacios de democracia participativa, activa, creadora.  Realmente, mi aula, debe ser y muchas veces los es, un espacio de unión, de una comunidad de aprendizaje, de disfrute y de construcción de aprendizajes significativos.

Y es precisamente en esa firme idea, que decidí echar abajo una de las paredes y emulando a lo que sucede en el teatro, he decidido que sea este espacio, la cuarta pared, el sitio virtual en el que pueda compartir experiencias de aprendizaje con muchas, muchas más personas.  Decidí que la democracia de mi aula sea vanguardista, sea globalizada y sea auténtica (por lo que me presento tal cual soy).

Entonces, tal parece que la decisión de ser una maestra 2.0, también resulta en una decisión política de servicio.

Es así como expreso, desde ya agradecida y con mucho entusiasmo: Bienvenidos a mi espacio… de aprendizaje (mutuo).